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De residuos vegetales a soluciones con propósito: la capacidad científica de la UAO al servicio del territorio 

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Por: Jesús David Cardona Quiroz, Dr.Ing. Vicerrector de Investigaciones, Innovación y Emprendimiento (VIIE) – UAO 

Cada día, en fincas, plazas de mercado y agroindustrias del Valle del Cauca, se generan toneladas de residuos vegetales que terminan como basura: cáscaras, tallos, fibras. Convivimos, al mismo tiempo, con otro problema que no da tregua: los plásticos de un solo uso, que contaminan ríos, suelos y humedales mucho después de haber cumplido su breve función. Durante más de cinco años, un equipo de investigadores de la UAO trabajó sobre una pregunta que une ambos problemas. ¿Es posible convertir esos residuos vegetales en una alternativa real frente al plástico convencional? 

La respuesta llegó en forma de patente de invención, vigente hasta 2042, un procedimiento que transforma residuos vegetales a partir de componentes naturales como la pectina y el almidón, en productos termoformados, sin necesidad de aditivos químicos. Cumplida su vida útil, el material puede compostarse, cerrando el ciclo sin dejar residuo adicional. 

Sin duda es un logro que merece celebrarse, sin embargo, mirar esta historia únicamente desde la patente sería quedarse corto. Lo interesante ocurre un paso más atrás, en lo que este nuevo hito de patente revela sobre una capacidad que la Universidad ha construido de manera deliberada para convertir conocimiento científico en soluciones pertinentes para los desafíos de su territorio. 

Como ocurre con casi todos los procesos importantes en investigación, fue el resultado de una acumulación paciente de capacidades. Desde 2021 venimos consolidando el ecosistema institucional de investigación, creación e innovación bajo el liderazgo de la Vicerrectoría de Investigaciones, Innovación y Emprendimiento – VIIE, desde donde se ha implementado un modelo estratégico que identifica la economía circular y los bionegocios como apuestas prioritarias, y que reconoce en la bioeconomía y la biotecnología —la vertical Bio— una de las áreas donde la Universidad concentra capacidades en Ciencia, Tecnología e Innovación (CTeI) para dialogar con el sector productivo, el Estado y la sociedad civil. Esta patente no llegó por fuera de ese plan, es uno de sus resultados esperados, y es también una muestra de algo más amplio: las universidades de hoy ya no se miden solo por el conocimiento que generan, sino por su capacidad de convertirlo en innovación, transferencia tecnológica y soluciones que personas, empresas, comunidades y territorios puedan usar. 

Cada vez resulta más evidente que el desarrollo de un territorio depende menos de la disponibilidad de recursos y mucho más de la capacidad para transformarlos mediante conocimiento, innovación y colaboración. Quizá por eso hoy hablamos menos de producir conocimiento y mucho más de construir capacidades para movilizarlo. Esta es una discusión que hoy ocupa a organismos como el Banco Mundial, la OCDE y la CEPAL, que coinciden en señalar que el desarrollo depende crecientemente de la capacidad de los territorios para transformar sus recursos mediante conocimiento e innovación. Lo que ocurrió con la patente es un buen ejemplo de ello, un residuo que el territorio ya producía en abundancia, convertido en solución gracias al conocimiento acumulado en la Universidad. 

La evidencia nacional ayuda a dimensionar el logro, y también lo pone en perspectiva. El más reciente Informe Nacional de Competitividad advierte que Colombia invierte apenas el 0,31% de su PIB en investigación y desarrollo, el nivel más bajo entre los países de la OCDE, y el Índice de Ecosistemas de Emprendimiento Dinámico (ICSEd-Prodem) ubica a la «plataforma de ciencia, tecnología e innovación» como la dimensión más débil del país en el contexto latinoamericano, por tanto, cada patente que nace en un laboratorio colombiano pesa doblemente. El Valle del Cauca, por su parte, se destaca a nivel país en vínculos de innovación entre universidad, empresa y Estado, según el Índice Departamental de Innovación para Colombia (IDIC 2024). El Departamento tiene las relaciones, pero lo que necesita con más urgencia es más conocimiento propio convertido en soluciones. Ese es el terreno exacto donde esta patente aporta. 

Ahí está, quizá, el hilo que atraviesa toda la apuesta de la VIIE, coherente con los lineamientos del CONPES 4069, la política nacional de ciencia, tecnología e innovación: no basta con generar conocimiento si ese conocimiento no logra transferirse hacia el sector productivo y la sociedad. Conviene preguntarse qué significa realmente una patente para un territorio como el nuestro. Más allá del reconocimiento jurídico, representa, sobre todo, una promesa que aún debe cumplirse. 

Por eso, la verdadera medida del éxito de esta patente no se agota el día en que fue concedida. Se medirá en los años siguientes, cuando ese conocimiento encuentre caminos concretos, como una empresa que lo adopte, una comunidad que lo aplique o un territorio que lo replique, y así convertirse en bienestar, sostenibilidad y desarrollo. Esa es, al final, la capacidad que seguimos construyendo en la UAO: no solo saber, sino saber transformar. 

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